Desde hace muchos años se veía venir los cambios que las TIC iban a provocar en la bibliotecología. Se ha observado la evolución de los sistemas de información, desde su rol tradicional y totalmente físico, pasando por aportes electrónicos y digitales, hasta las plataformas cien por ciento virtuales. Los sistemas de información de índole virtual han crecido exponencialmente y en la actualidad se puede decir que son la norma. El profesional de la información, sí o sí, tiene que estar familiarizado y adaptado con este tipo de tecnología y apreciar las múltiples ventajas en cuanto a tiempo y espacio que ofrecen.
De igual manera, se debe valorar cómo las TIC han aportado a la democratización del conocimiento, abriendo un mundo de posibilidades a cualquier usuario que acceda a Internet. Las personas no se tienen que conformar con lo que los demás le den, sino que tienen la herramienta en sus manos para expresarse y aprender. De hecho, nunca antes se había visto tal magnitud de datos en la red. Sin embargo, más allá de un acceso, es importante la alfabetización digital y la alfabetización informacional, ambos aspectos esenciales para completar ese derecho humano.
La
democracia de la información no consiste en que un individuo entre al Facebook
para leer una noticia falsa; sino en tener la inteligencia de explorar y
analizar fuentes de información confiable (bases de datos, revistas y
periódicos digitales, bibliotecas). Eso servirá para aprovechar el montón de
redes de conocimiento y la enorme cooperación inter-bibliotecaria que se está
llevando a cabo en la Internet. Es necesario tener usuarios que sepan buscar,
razonar y recuperar la información; no basta con darles una computadora. Es
primordial que conviertan esa información en conocimiento.
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